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Sexo sin tabú

Primera salida a hotel

La Vie en RoseDe pronto, sonó el teléfono. Sentí un cosquilleo en el estómago. Finalmente, probaría lo que, hasta el momento, para mí sólo había sido mi apartado online en la página de La Vie en Rose. Llamó Alberto, 45 años. A las 20.00, en un hotel del Eixample Dret. Desde ese momento –las 13.00-, el tiempo me parecía eterno; ¿Cómo será? Sentía como si fuera una segunda-primera vez.

Los nervios iban aumentando. Dos horas antes de mi encuentro, empecé a prepararme. El vestido, el maquillaje, el pelo, el perfume, los zapatos: todo debía ser perfecto. Parecía una metamorfosis. Me iba transformando en aquello que anunciaba: una morenaza escort de lujo. La transformación culmina a las ocho. Cojo un taxi. Llego al hall, pregunto tímidamente por la habitación 301. Toco al timbre y me abre él.

Delgado, la frente marcada por las arrugas, en jeans y camisa blanca. Me mira detenidamente. Le gusto. Rompe el silencio y oigo de nuevo su voz: “Hola, Bianca. Lo que pactamos”. Me acerqué sensualmente, le susurré al oído: “Sí. Lo que pactamos”. Lo besé y lo acaricié como él me pedía, como si fuera su novia. Y, poco a poco, me fui quitando la timidez, el vestido, los zapatos. Me arrodillé ante él y le hice un francés natural. De ahí, todo fue en aumento. La ilusión de gustarle, el sexo, los fluidos; un torbellino de sensaciones en cada postura.

Terminamos estando yo a cuatro patas. Estaba contento. Yo también lo estaba, todo salió bien. Mientras se vestía, me guiñó el ojo y me dijo: “Nos volveremos a ver. Te lo aseguro, muñeca”. Finalmente el dinero; me parecía todo un sueño, mi primera vez de escort de lujo. La primera de muchas. Pensaba todo esto mientras volvía a casa, cuando, de pronto, sonó de nuevo el teléfono.…




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