francesas

Morbo con escort en Barcelona

Nunca esperas que aparezca una escort tan deliciosa, pero lo hizo. Como cualquier otro domingo por la mañana iba andando por el paseo marítimo. Una temperatura agradable y un sol que brillaba en su punto más alto. Paré en un kiosco a tomarme una lata de guaraná y me disponía a leer el periódico del día, uno de esos placeres cotidianos. Mientras miraba la sección de política internacional escuché unas risas…

Una mirada sorpresa

Cuando levanté los ojos del diario, vi una chica que me miraba, rubia de pelo largo que me mantuvo la mirada. Una situación de estas que muchos hombres no estamos preparados, ella bajó los ojos y los míos también bajaron, estaba abierta de piernas con todo su sexo rasurado al aire para mí o ¿para provocarme?

Yo era un hombre casado tranquilo, no había sido nunca infiel y realmente no sabía cómo actuar, opté por ser bueno y terminar mi bebida e irme a seguir paseando, cuando estaba pagando, ella se presentó, Ivana se llamaba y me dijo si me animaba a dar un paseo con ella.

El diablo venció al ángel

El lado diablo que tenemos se me presentó y accedí, me preguntó que hacía allí y yo también le pregunté cuál fue la razón para abrirse de piernas de esa manera. Ella sonreía y me dijo al oído “Soy escort, pero en esta ocasión te he elegido yo a ti”, me quedé sorprendido y le dije que yo no era un “putero”, pero ella me dijo que me tranquilizara…

Lo cierto es que tuve que tranquilizarme y no montar una escena en el paseo marítimo, me dijo que si quería podíamos hacerlo en el apartamento que tenía a dos calles, que lo probara y que ella me tenía ganas. Yo no había nacido ayer y le dije que no quería practicar sexo por dinero. Ella me cogió la mano y se la metió entre sus piernas, lo noté chorreando y me dijo ¿te lo quieres perder? ¡Era una de las mejores putas Barcelona que podría haber conocido!

Miré al cielo y le pedí perdón, en unos minutos estábamos en su apartamento y la devoré, sexo salvaje sin ningún tipo de límites. Una locura, lo curioso es que cada vez que lo recuerdo no me arrepiento lo más mínimo. En ocasiones es necesario perder la cabeza y sentirse vivo, no la volví a ver, pero cada vez que me siento a tomar mi guaraná y a leer la prensa del día me acuerdo de ella y de sonrisa de aquella mujer…

 

 




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