masajes eroticos

Ponle un toque picante a tu vida con masajes eróticos

No es necesario ser un experto en dar masajes para experimentar el placer de innovar en algunas técnicas básicas para obtener el mismo placer con tu pareja, y los masajes eróticos son más que simplemente aprender los movimientos de la mano: es un arte que necesita ser estudiado y practicado para conseguir cierta soltura y habilidad. Por ello, últimamente, muchas personas se apuntan a aprender masajes eróticos en Madrid.

Aprender las técnicas también puede ayudar a la gente a superar la insatisfacción que se arrastra en muchas relaciones sexuales y que la persigue como una sombra en su vida personal y profesional, ya que nos hace sentir descontentos y frustrados.

Se recomienda para hombres y mujeres con fuertes necesidades y deseos. Todo lo que se requiere es crear el ambiente adecuado y tener una mente abierta a disfrutar de la belleza del cuerpo humano.

Un masaje erótico bien dado, a una persona que esté dispuesta a sentirlo, puede conducir a una emoción desconocida y orgásmica. También, ayuda a relajarse.

Qué necesitas

Para empezar, una superficie plana y firme donde se tumbe la persona a recibir el masaje. Además, las caricias y el tacto deben ser íntimas, cálidas, sensuales, para conseguir que la sensación vaya en un placer in crescendo, dentro y fuera, y conseguir una paz absoluta junto con la máxima relajación.

Durante el masaje erótico, se debe masajear todo el cuerpo, e incidir especialmente en la zona de alrededor de los genitales, así como en el resto de zonas erógenas. No obstante, los propios genitales también deben ser masajeados, algo que puede llevar al orgasmo.

Por otro lado, con tal de multiplicar la sensación de placer, puedes usar aceites esenciales a la hora de realizar el masaje sobre el cuerpo de la otra persona.

Un masaje erótico se puede realizar tanto en hombres como en mujeres. En cualquiera de los casos, recuerda que una de las bases de este tipo de masajes reside en el altruismo, en el deseo de ver disfrutar a la otra persona, por lo que el egoísmo queda fuera de lugar en esta práctica.




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